Eligiendo el mal menor
Descripción de la publicación
Luis Ariel Rojas
5/25/20263 min read


Es difícil pensar que en Colombia, un país con más de 50 millones de habitantes, no haya mejores opciones para elegir un presidente que lo que veremos en el tarjetón este 31 de mayo. A pocos días de la primera vuelta presidencial, el ambiente político se reduce a un choque de extremos carente de ideas y lleno de “propuestas” poco creíbles pero que mueven emociones, por eso los colombianos llegamos al tarjetón teniendo que elegir el "mal menor".
Por un lado, Cepeda propone continuidad del gobierno actual con una supuesta "distribución de la riqueza" que ignora cómo funciona realmente el mercado. Como lo analizamos hace un tiempo con el salario mínimo, las promesas de tarima suenan muy bien, pero cuando no están respaldadas por productividad, terminan devoradas por la inflación, castigando el empleo formal y asfixiando al pequeño empresario. Además la corrupción, el nepotismo y la inseguridad parecen estar incluidas en el paquete si renovamos el contrato.
Por el otro lado, De la Espriella con su discurso de choque radical promete soluciones inmediatas, pero genera una incertidumbre institucional enorme, Colombia es un país tan complejo como diverso, no hay soluciones mágicas, no todo pasa por la seguridad, aunque este es un pilar fundamental en el desarrollo del país, también lo es la lucha contra la corrupción, la distribución de la riqueza, el acceso a servicios básicos, a la salud. De la Espriella no es Bukele y Colombia no es El Salvador con sus 6 millones de habitantes.
La realidad es terca, un país no se sostiene con discursos mesiánicos ni con decretos populistas, se sostiene produciendo. Como contador, veo a diario la realidad de los negocios. Lo que necesitan los emprendedores, los independientes y las Pymes para crecer no son milagros ni saltos al vacío. Necesitan seguridad jurídica, necesitan que se recupere la seguridad para trabajar sin extorsiones, infraestructura para ser competitivos y un sistema que no los ahogue a impuestos (como casi pasa cuando intentaron hundir el Régimen SIMPLE).
Paloma Valencia tal vez no sea la solución a los problemas del país, pero tal vez sea el vendaje que se necesita para evitar seguir desangrándonos, tal vez sea el control de daños tras el desastre que ha sido Petro y compañía.
Hoy no sirve hablar de propuestas y promesas de campaña, sabemos que los candidatos dirán lo que sea para conseguir votos, firmarán en piedra, autenticarán sus promesas en notaría, serán los cristianos más devotos, los más humildes trabajadores y los ciudadanos más transparentes e impolutos que haya parido la patria, pero todo eso quedará olvidado una vez electos.
A veces, el voto más responsable no es el que más nos emociona, sino el que nos garantiza mantener el aparato productivo funcionando. Preferir la institucionalidad tradicional, con todo y sus defectos conocidos, es una forma de proteger las reglas del juego, de que haya un país que salvar dentro de cuatro años.
Colombia sí necesita un cambio, pero no el que representa el gobierno actual, que profundizaría la crisis institucional y de gobernabilidad que existe hoy, pero tampoco el salto al vacío que representa De la Espriella, elegir basándonos en la emoción de una ruptura radical es elegir "pan para hoy y hambre para mañana".
De los demás candidatos ni para qué hablar, Sergio Fajardo que se sacó solito de la contienda y Claudia López que solo va por la reposición de votos, pierden hasta con el voto en blanco, así que no botemos el voto, es hora de aplicar el pragmatismo desde la primera vuelta y votar pensando en el futuro del país, no en la euforia de los próximos 10 días.
¿Ustedes qué opinan?
